enamorarse

¿Puede uno enamorarse en cinco días? Siendo razonables, si es que algo respecto al amor puede serlo, se diría que no. Hay un cierto grado de conocimiento en la base del amor, podríamos coincidir en eso, además de esa atracción espontánea por momentos inexplicable y que en realidad tiene mil razones, de la búsqueda de reciprocidad, del deseo de unión, de esos sentimientos variados y enriquecedores que nos completan, nos alegran, nos estimulan, generados en un prácticamente mágico acto de convivencia y comunicación, que con frecuencia nos conducen a la creación. Extraordinariamente complejo y, por mas esfuerzos que hagamos, incomprensible… el enamorarse, visto como etapas que cumplir, como la necesidad de confirmar esas coincidencias esenciales que nos aproximan al otro… podría decirse que no es factible en cinco días.

Todo este argumento puede ser falso.

 

antes del primer día

 

La primera parte de la Sonata no. 14 en Do menor, op. 27 nº 2 “Claro de Luna”, el Adagio Sostenuto, me conmueve siempre, es algo en la cadencia de las notas, en la belleza de la melodía, lleva el ritmo de la tristeza ascendiendo por momentos hasta el llanto… No sé que tendría que decir Beethoven respecto a esta interpretación pero es como la siento y como Ludwig está muerto no lo podremos discutir.  Bajo el efecto de una extraordinaria interpretación de esta pieza, me levanté para el intermedio del concierto. Dejé caer mi programa y mi acompañante no se percató, realmente no se daba cuenta de nada. Un hombre se agachó para recogerlo y su cara me pareció familiar aunque no lo conocía. Agradecí con una sonrisa y él se detuvo en mis ojos, por un momento pareció que iba a decir algo, pero mi acompañante decidió reaparecer inoportunamente y sólo inclinó la cabeza antes de alejarse.

 

Ya a la salida, justo cuando me subía al auto, el programa volvió a deslizarse de mis manos, me incliné para recogerlo y cuando levanté la mirada, encontré sus ojos fijos en mí. Esbozó una sonrisa que devolví, tuve de nuevo la sensación de que lo había visto antes, iba acompañado de varias personas y una de ellas llamó su atención. Lo seguí con la mirada mientras pude, una figura delgada en un atuendo informal que le quedaba muy bien.

 

primer día

 

Bajé apresuradamente los dos pisos que separan el museo de las áreas del centro cultural, donde está el pequeño restaurante en el que suelo almorzar. Llegar después de la una significa tener que esperar por las pocas mesas de las que dispone el lugar. El mesonero me recibió con una sonrisa, me condujo a la última libre y me entregó el menú. Mientras lo revisaba, dudando entre una ensalada baja en calorías o mis amados ñoquis, alguien se detuvo frente a mí, no presté atención porque podría ser cualquiera pasando por el estrecho lugar y no eran los pantalones negros del mesonero.

– Hola… –Una voz de hombre, desconocida pero lo suficientemente cerca como para que pudiera ser conmigo. Levanté la mirada. El hombre del programa.

– ¡Hola…! Nos habíamos visto aquí ¿verdad?

– Sí. –Una bonita sonrisa, amplia, no la media sonrisa del estacionamiento.

– ¿Ya almorzaste? –El había hecho el primer movimiento, yo hacía el segundo.

– Voy saliendo. –Lo que menos deseaba escuchar, pero era una voz muy agradable de todas maneras.- Pero me encantaría tomar otro café. –Encantada yo, hice un gesto y se sentó.

Su café duró todo el tiempo de mi almuerzo, un plato de ensalada que soy incapaz de describir. Comenzamos hablando de los respectivos trabajos que nos hacían coincidir en aquel lugar para almorzar. Yo era socia en una de las tiendas que, por concesión, funcionaban anexas al museo. El era abogado en una firma que tenía sus oficinas en la siguiente cuadra, como muchos venía a refugiarse en la tranquilidad del centro cultural durante la hora de almuerzo. El ambiente a esa hora, en mi opinión influido por la calma que rodea al museo, es muy grato con sus amplios espacios abiertos, las esculturas que aparecen por aquí y por allá, la enorme librería visible a través de sus altos ventanales, las personas que van a las salas de ensayo cargando con mallas o instrumentos. Hablamos de muchas cosas que iban apareciendo con toda comodidad, encadenándose de esa forma a veces sorprendente en que las buenas conversaciones fluyen. En algún momento hablando de música, hicimos referencia al concierto, el del programa.

– Te conmueve esa música ¿verdad?

– ¿Cómo lo sabes?

– Tus ojos brillaban… mucho. -Le expliqué lo mejor que pude mi particular sensibilidad ante la sonata, me escuchó con la mas absoluta atención. Una cosa que me impresionó, desde ese primer día, fue su maravillosa capacidad de hacerme sentir “atendida” en toda la extensión de la palabra. Al final dijo lo que deseaba escuchar.- ¿Crees que almorzarás aquí mañana?

– Casi seguro.

– ¿A las doce y media?

– Un cuarto para la una mejor… cuando estoy sola cierro a las doce y media. –Y aclaré.- Mi socia está de viaje.

– Vengo, aparto una mesa y te espero.

– Perfecto.

 

segundo día

 

Invertí mucho tiempo en vestirme al día siguiente, una de esas ocasiones en que nada es lo suficientemente bonito o nos queda lo suficientemente bien. Suelo escoger con rapidez cada mañana, mi guardarropa no es muy extenso pero las combinaciones son múltiples y fáciles de hacer.

Mi hermana apareció en la puerta, compartíamos el apartamento en cómoda, respetuosa y grata asociación- Ya me voy… te dejé jugo en la nevera. –Me miró sorprendida, jamás llego tarde al trabajo- ¿No estás lista?

– Casi… –Me decidí por lo que me hacía sentir mas segura. Blanco y negro, lo mas sencillo posible. Me puse los zarcillos de perlas y el collar, antes de salir me quité el collar.

 

Ahí estaba, instalado con un periódico vespertino. Usaba lentes para leer. Se levantó en cuanto me vió. Me gustan esos pequeños detalles como que se levanten, me cedan el paso en las puertas, estén atentos en los escalones o en las multitudes. ¿La liberación femenina? Por la igualdad en derechos civiles, como el voto, oportunidades laborales y ese tipo de cosas que nos hacen ciudadanos de una misma categoría, que en mi opinión no tienen nada que ver con la consideración y la gentileza que un hombre puede demostrarle a una mujer.

 

Hablamos de nosotros, nuestras aficiones, nuestras expectativas, era una expedición a un territorio muy interesante, llena de múltiples coincidencias en gustos y puntos de vista. Llegó un momento en que dejé de decir “yo también o yo tampoco” porque iba a creer que fingía. Le pregunté directamente si era casado o tenía algún compromiso. Dijo que no y me preguntó lo mismo. No hay manera de evitar que te engañen al hacer una pregunta como esa, pero creo que establece un punto claro en cuanto a lo que considero aceptable como acompañante.

– Están presentando un ciclo de cine francés… aquí mismo en el centro. –Me decidí a sugerir ya cuando terminábamos de comer, quería compartir más con él… y le gustaba el cine tanto como a mí.- Hoy es una película de Luc Besson. ¿Te interesa? –Uno dice esas cosas y no tiene idea si sabe quién es el tipo.

– ¿A que hora sales? –Le interesaba el director o yo, deseé que fuera lo segundo.

– Estamos abiertos hasta las cinco como el museo, mientras cierro, cuadro caja y esas cosas, no antes de las cinco y media.

– Si hay una función a las seis o a las seis y media ¿estaría bien?

– Hay función a las seis y media. –Aseguré.- Para mí está muy bien.

– Perfecto.

 

Nos encontramos en la fila para comprar las entradas, él había llegado primero, insistió en invitarme aunque sinceramente no lo había pensado así, tengo suficiente tiempo pagando por mis cosas como para no anticipar invitaciones con facilidad. Disfruté la película y aún mas su compañía, descubrí que coincidíamos también en lo que nos parecía gracioso, simpático o meramente torpe. Cada persona responde de una manera particular y además depende de cómo se sienta en ese preciso momento, pero hay cosas básicas que definen el sentido del humor de cada quien. Mucho mas ácido que yo, me pareció divertido, interesante y hasta peligroso en cierto sentido bromear con él. Excitante resultaba la palabra correcta.

– No tengo auto… ¿Tomas el metro o…?

– Hoy creo que prefiero un taxi.

– Te puedo acompañar.

– No hay necesidad… gracias.

– ¿Me llamas cuando llegues a tu casa? –Me sorprendió la petición.- Sólo para estar seguro que llegaste bien… –Una media sonrisa, acepté, me dio su número de celular.

 

Al despedirnos dudó, no sé entre qué y qué, pero me dio un suave beso en la mejilla. Nunca me había estremecido besar la mejilla de un hombre. El momento fue suficiente para apreciar el aroma de su piel, la leve aspereza. El estremecimiento, un indicador de peligro que no atendí en esa oportunidad.

 

Me sentí sospechosamente satisfecha al llamar para avisarle que ya estaba en casa, saber que aún no llegaba a la suya y oír un muy suave “hasta mañana”. Seleccioné la ropa que me pondría al día siguiente antes de irme a dormir y tardé mucho en conciliar el sueño.

 

tercer día

 

Almuerzo con conversación. Largo y grato, de hecho demasiado largo, abrí tarde la tienda, él debe haber llegado tarde a la oficina… pero hay días de días, momentos de momentos y razones de razones. Resultaban inacabables los temas con aquel hombre, comenzamos a entrar en las anécdotas familiares, en las discusiones sobre temas de filosofía y política. Ya a aquella altura me debatía entre el placer y la preocupación por lo mucho que me gustaba… y a la velocidad que sucedía. La posibilidad de estar con él era mas atractiva que cualquier otra cosa.

 

– Ya que ya vimos la película que dan aquí esta noche ¿Cenas conmigo?

– Claro. –Hubiera aceptado ir al autolavado.

– ¿Conoces el restaurante marroquí frente a la Plaza España?

– No.

– Es excelente ¿quieres ir?

– Me encantaría.

– Te vengo a buscar.

 

Llegó a la tienda justo a la hora de cerrar. Revisó cosas, preguntó sobre la mercancía y el negocio, le conté, entre una cosa y otra salimos casi a las siete. El restaurante era realmente bueno, no conocía la comida marroquí y disfruté de la Harira y el Tajín de cordero. Hablamos de viajes, de descubrir nuevos lugares, paisajes distintos, otras culturas, le plantee lo interesante que me parecía el estudiar idiomas precisamente porque eran una puerta hacia otra cultura. Ambos hablábamos tres idiomas, aunque no los mismos. Había viajado mucho mas que yo, reconocía que gastaba buena parte de lo que ganaba al año en sus vacaciones, tenía innumerables anécdotas. Compartíamos el placer de volver a los lugares y reconocerlos, de caminar las ciudades, de detenernos a ver la gente pasar, visitar mercados callejeros y librerías. Se confesó ‘alérgico’ a los souvenirs tradicionales, esos con membrete y bandera, pero reconoció que tenía al menos un objeto de cada país que había visitado, un recuerdo con una historia particular. Desee verlos, oír la historia correspondiente… me dije que algún día lo haría.

 

Me acompañó a casa, era muy tarde y no lo invité a entrar. Me tomó del brazo desde que salimos del tren y seguimos así hasta llegar al edificio. Pensé que me iba a besar… en la boca y no lo hizo. Se limitó de nuevo a la mejilla, aunque deteniéndose de una forma bastante sugestiva. ¿Idea mía? Podía ser sólo lo que quería ver… o sentir. Es tan fácil interpretar las cosas como las deseamos, cuando estamos buscando indicios de interés, tan fácil.

 

cuarto día

 

Mi hermana amaneció en mi cuarto. Me conoce lo suficiente como para saber que setenta y dos horas seguidas hablando y saliendo con el mismo tipo es un indicador importante.

– ¿Vas a verlo otra vez hoy?

– Sí.

– Me muero de la curiosidad. Tráelo a la casa, cocinaré. –Yo sobrevivo en la cocina, ella resplandece, me gustó la idea. Sacarlo del terreno neutral podía ser interesante. Eso suena completamente frío y premeditado, lo fue, la idea original no pero las consideraciones sobre los resultados si. Era uno de esos casos en que había premeditación sin alevosía.

– Le diré.

 

Sin dudarlo aceptó la invitación a cenar. No era como una presentación oficial a la familia pero era un paso hacia una cercanía que me interesaba. Mas allá de la “prueba” que se me había ocurrido en la mañana, quería compartir mas con él… que empezara a conocer a la gente que quiero era un paso adelante… y parecía gustoso de darlo. Existe el prejuicio de que los hombres le temen a esas cosas. Lo miré complacida, ese almuerzo se había decidido a probar mis amados ñoquis cuatro quesos y bromeábamos sobre la necesidad de hacer dieta que algunos teníamos y que era una experiencia desconocida para él. Encontré sus ojos, por un momento todo desapareció, el lugar lleno de gente, de ruidos variados, lo que comíamos, incluso la conversación estuvo un instante detenida, se podría decir que perdimos el paso, sonreímos ambos y continuamos suavemente, con una nueva conciencia en el ambiente. Algo casi físico que había surgido de ese silencio tan lleno de cosas.

 

Llegó justo a la hora, con una botella de vino. Su encuentro con mi hermana fue sencillo y amable, soportó el escrutinio de los primeros minutos, contestó todas sus veladas y abiertas preguntas, incluso se divirtió con mi incomodidad ante algunas de ellas. Pasamos un rato agradable, alabó –sinceramente, me pareció- la comida y ofreció que un día cocinaría para nosotras, si éramos compasivas con las comparaciones.

 

Lo acompañé hasta la entrada. Me besó. En la boca. Haberlo estado esperando, deseando, no me preparó para aquello. No recuerdo ningún beso que me haya impresionado tanto como aquel, y era la palabra correcta, era más que el haber sido delicioso, más del placer de la caricia y del abrazo, o del deseo subyacente. Era la intensidad de los sentimientos que despertó. ¿Un beso puede provocar una sacudida emocional? Ciertamente que sí. Casi aturdida me encontré con su sonrisa, nos miramos unos momentos muy largos, acarició mi boca con la punta de un dedo y se fue. No tenía que decir nada, yo era territorio devastado y lo entendía bien.

 

– ¿Te besó? –Fue lo primero que dijo mi hermana al verme regresar. Allí confirmé que mi expresión lo decía todo.

– Sí…

– ¿Y?

– Estoy enamorada de él. –Dije lentamente.

– Imposible. –Rió- Lo conoces hace tres días.

– Cuatro.

Me miró seria, yo también lo estaba.- No puede ser… no lo conoces en realidad. Eso no es estar enamorado. Reconozco que es simpático, en cierta forma atractivo y me agradó… Bueno… tiene muchas de las cosas que te gustan en los hombres… pero de allí a… ¡Nooo!

– Es.

Siguió argumentando durante unos cinco minutos. Mi silencio fue mas contundente que todas sus palabras.- Lo que estás es loca. –Concluyó antes de irse a su habitación.

 

quinto día

 

Se levantó de la mesa cuando me acerqué, pensé otra vez cuanto me agradaban esas gentilezas, sonreía, era su sonrisa, pero todo era nuevo. Me dio un beso en la mejilla, casi en la comisura de los labios que alborotó mariposas en mi estómago. Se sentó frente a mí y comenzó a contarme algo de su oficina que no escuché. Estaba allí y lo amaba, no era locura, ni exageración. Era aterradoramente cierto. Maravillosamente cierto.

– ¿Pasa algo?

– No. -No era capaz de decirle algo así en medio del almuerzo- Sigue con lo que me decías. –Me miró dudoso pero continuó. Lo que hablamos no fue importante, sino las corrientes subterráneas en la conversación. Hubo largos silencios en aquel almuerzo- La película de hoy es buena. –Sugerí en un momento dado.

– No puedo. –Primera negativa ¡y justamente ese día! Agua fría sobre la hermosa taza de chocolate caliente que bebía despacito desde la noche anterior. Afortunadamente duró poco.- No estaré libre hasta las siete y media o algo mas… ¿Cenamos mejor?

– Bien. –Acepté con una sonrisa de alivio. Tenía que controlarme, había sentido hasta ganas de llorar en aquellos segundos. Me impresioné, era demasiado ¿demasiado?

 

Estuve mucho mas tranquila en la cena, la disfruté, lo disfruté. Quedamos en ir a un concierto ese fin de semana, se ofreció a revisar los términos del nuevo contrato de la concesión de la tienda y me invitó a trotar el domingo en la mañana. Le advertí que nunca hacía ejercicio y mi condición era deplorable, dijo que poco a poco me acostumbraría, acepté aún dudando de mi capacidad, pero me habría inscrito en el maratón de Nueva York si me lo hubiera pedido. La cantidad de cosas absurdas que nos atrevemos a probar en ciertos momentos y por ciertas cosas… personas.

 

Después de la cena, en medio de una acera cualquiera, caminando hacia la estación del metro, la quinta noche, el quinto día, se detuvo, me detuve.

– Te va a parecer absurdo y te aseguro que no suelo hacer estas cosas… bueno, decirlas… suena a cliché… pero es que… –Supe por donde iba desde que comenzó con tanto preámbulo- pero… yo… ¿Me creerías si te digo que estoy enamorado de ti?

Sonreí ampliamente- Te creo… claro que te creo.

 

 

© derechos reservados. mEc. 2009


8 comentarios sobre “enamorarse

    MarisaPossetti escribió:
    29 enero 2009 en 5:17 am

    Maru, escribe y publica. Tu puedes ser escritora, o lo eres.

    Respecto del amor, te dire que mientras una es joven cree en esa idea romantica, que en realidad esta asociada a la quimica entre dos personas ( indispensable) , pero que puede ser algo mas.

    Cuando una madura, se decide por una relacion tranquila,
    salvo que el amor a primera vista funcione siempre de 10.

    maru111 respondido:
    29 enero 2009 en 7:03 pm

    ¿Publicar? Eso dá para hablar mucho rato, algún día lo conversamos.

    Enamorarse, eso es como un cruce de estrellas… difícil de entender y completamente delicioso. Y sí creo que a medida que la gente madura… o se hace mayor -lo que no siempre es lo mismo- puede cambiar la forma en que se enamora, la forma en que ama, pero suele ser maravilloso… enamorarse.

    Marisa Possetti escribió:
    31 enero 2009 en 10:55 am

    Siempre es maravilloso enamorarse, quiero decir que una relación locamente apasionada no funciona para siempre
    de esa manera.
    Aunque si amas de verdad a alguien, la pasión siempre está.
    Parece contradictorio, pero no lo es.
    Hacerse mayor o viejo, es algo horrible.
    Madurar está bien.
    Si yo no tuviera pasión en mi vida después de 30 años de estar con alguien, estaría con otro, por el tiempo que durara.
    Así que, Maru, estamos diciendo lo mismo con otras palabras, estamos de acuerdo, muchacha.

    Y te digo que me encantó lo que escribiste.

    maru respondido:
    31 enero 2009 en 11:16 am

    Todo cambia, es eso ¿verdad? nosotros, los que amamos, la forma en que los amamos, la forma en que nos aman. Va adaptándose a las etapas de la vida… al menos en la forma, porque muchas veces en el fondo el chispazo sigue.

    Me alegra que disfrutaras lo que puse aquí 🙂

    Oso escribió:
    31 marzo 2009 en 3:18 pm

    Mi Gata!
    Realmente que este tema es inagotable… En lo que a mi respecta, mi experiencia me dice que uno se puede enamorar en cuestión de horas, llámese atracción, quimica o simplemente amor a primera vista.

    El amor es lo mas raro, y lo mas cambiante que puede haber en la vida; y definitivamente nos podemos enamorar muchas veces en nuestras vidas, pero todas se manifiestan de manera diferente. Ahora bien, mi pregunta sería ¿Cómo sabemos cual es el amor para el resto de la vida?

    Besos!
    El Oso

      maru respondido:
      31 marzo 2009 en 9:44 pm

      Creo, mi querido, que ciertamente los amores son diferentes, tan diferentes como los que aman y a quien aman. Algunos son de corta duración otros resultan de impresionante larga duración… el nuestro es de esta última categoría. ¿Una pareja para toda la vida? De nuevo las diferencias individuales influyen en cantidad, la magia entre los dos, la chispa, el encanto, pero creo que también tiene que ver con que cultivemos la relación para hacerla perdurable… además de la interminable sucesión de negociaciones que involucra, creo que ser pareja es mas un proceso que un estado.

      Por supuesto, podemos simplificar la cosa y concluir que todo lo complicado, impredecible, cambiante proviene de que es realidad la fábula que coloqué en el blog y la Locura es la que sirve de guía al Amor.

    Marsol escribió:
    15 abril 2009 en 11:37 am

    De verdad que entré un ratito a ver un chiste y me quedé colgada aquí… Maru, escribes maravilloso, esto me encantó….
    El amor, el amor, el amor, es algo tan sublime que realmente no tiene explicación, lo cierto es que hay tantas formas de enamorarse y tantas maneras de amar, que nos hace mas dificíl la cosa….
    Pero que rico es enamorarse y sentir ese cosquilleo en la panza… 😀
    Un abrazo

    maru respondido:
    15 abril 2009 en 8:10 pm

    Me alegro que lo disfrutara señora mía.

    Y sí, ¡¡¡es riquísimo!!!

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